¿Qué es hoy una vivienda sostenible?

Olas de calor cada vez más largas, eventos meteorológicos extremos, una calidad del aire deficiente en muchas ciudades. Los efectos del calentamiento global ya no son una hipótesis: son una realidad. Y la industria de la construcción ha sido —y sigue siendo en buena medida— responsable de una parte importante de este impacto. Sin embargo, los últimos informes de Naciones Unidas apuntan a un cambio de rumbo: estamos avanzando hacia una forma de construir más consciente, más responsable y, en definitiva, más sostenible.

La energía ya no se entiende como un recurso inagotable. El ahorro, el confort y la salud se han convertido —al menos en determinados sectores— en criterios prioritarios a la hora de proyectar una vivienda. El mercado responde con una proliferación de términos: casas sostenibles, casas de madera, bioconstrucción, casas pasivas, viviendas de consumo casi nulo (nZEB), casas ecológicas, positivas, autosuficientes, regenerativas, bioclimáticas, Passivhaus, biopasivas… Esta abundancia de etiquetas nos obliga a preguntarnos qué significan realmente y, sobre todo, hasta qué punto son verdaderamente sostenibles.

Repasemos brevemente el contexto.               

La buena arquitectura, en todas las épocas, tuvo presente el clima, el soleamiento, los materiales y los oficios del lugar. Incluso durante el movimiento moderno, muchos maestros revisitaron la arquitectura tradicional como fuente de conocimiento y experiencia constructiva.

La sostenibilidad, aunque no siempre nombrada como tal, estuvo implícita en esa arquitectura bien pensada. A partir de los años 60, sin embargo, se consolida un modelo de crecimiento acelerado que apenas reconoce límites en el uso de los recursos.

Frente a ese desarrollismo surgieron movimientos que replantearon la manera de construir. Victor Olgyay (1963) y posteriormente Baruch Givoni (1969) publicaron manuales fundamentales sobre arquitectura bioclimática, sentando las bases del análisis climático aplicado al edificio y al confort térmico. En 1964, Bernard Rudofsky publica “Arquitectura   sin arquitectos”, reivindicando la sabiduría de la arquitectura vernácula y su dimensión social.

Una década más tarde nace en Alemania la Bioconstrucción, centrada en la salud del hábitat y en la reducción del impacto ambiental. En 1976 se funda el Instituto Alemán de Bioconstrucción (IBN). Pioneros como Gernot Minke desarrollan técnicas ecológicas y de     bajo coste. En España, el Instituto Español de Baubiologie (IEB) continúa esta línea de trabajo.

Bases y fundamentos de la arquitectura sostenible

En 1987, el Informe Brundtland de Naciones Unidas define el desarrollo sostenible como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas. Introduce además los tres pilares de la sostenibilidad: ambiental, social y económico. 

Aplicado a la arquitectura, esto implica:

  1. Dimensión ambiental: reducir el impacto mediante eficiencia energética, uso de energías renovables y materiales responsables, preservando la salud del entorno y de las personas.

  2. Dimensión social: crear espacios saludables, confortables y accesibles que mejoren la calidad de vida.

  3. Dimensión económica: garantizar viabilidad a largo plazo, tanto en construcción como en mantenimiento y consumo.

La Cumbre de Río de 1992 refuerza la necesidad de transformar los modelos de desarrollo. A partir de entonces, la sostenibilidad deja de ser una declaración teórica y comienza a integrarse en políticas públicas.

En la Unión Europea, la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) entra en vigor en 2003. En 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible amplían el marco hacia cuestiones como energía, ciudades, consumo responsable y acción climática.

¿Cómo sabemos si estamos construyendo un edificio sostenible?

Existen distintos certificados voluntarios que evalúan diferentes aspectos. Algunos se centran principalmente en eficiencia energética y confort, como Passivhaus, Minergie o Effinergie. Otros incorporan criterios más amplios: BREEAM, LEED, VERDE, Living Building Challenge, Minergie-ECO o WELL, que incluyen agua, materiales, gestión de residuos, salud y bienestar.

Estas certificaciones reflejan una evolución hacia una visión más integral. Paralelamente, marcos como Level(s), desarrollado por la Unión Europea, incorporan indicadores comunes para evaluar impacto ambiental, confort interior y resiliencia climática a lo largo del ciclo de vida del edificio.

Volvamos a las etiquetas

Podemos agrupar los términos según su enfoque principal, aunque en la práctica muchos se solapan 

1. Enfoque en eficiencia energética operativa:

Casas pasivas, Passivhaus, nZEB o ZEB, casas positivas o autosuficientes. Todas buscan reducir la demanda energética, aunque con distintos niveles de exigencia.

2. Enfoque en salud y materiales:

Bioconstrucción y casas ecológicas, priorizan el uso de materiales naturales y de bajo impacto, más allá del consumo energético.

3. Enfoque integrador:

Casas biopasivas o pasivas y ecológicas, que buscan equilibrio entre eficiencia energética y bajo impacto ambiental.

(*) Las casas bioclimáticas cuyo objetivo es aprovechar los recursos climatológicos que brinda la naturaleza, son la base de cualquier casa pasiva y ecológica.

¿Hacia dónde vamos?

La normativa prevista para 2028-2030 nos conduce hacia edificios de consumo casi nulo o de cero emisiones, incorporando además la medición del impacto ambiental. En este contexto, la figura del arquitecto resulta esencial. No se trata solo de aplicar un estándar, sino de integrar criterios energéticos, ecológicos y económicos en cada decisión de proyecto.

En nuestro estudio trabajamos coordinadamente con ingenieros, constructores y proveedores para cruzar los datos del modelo de eficiencia energética con los parámetros de carbono embebido. Solo con una visión global es posible lograr un edificio verdaderamente coherente.

Si quieres saber más sobre cómo abordamos cada proyecto, estaré encantada de atenderte.


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