Casa pasiva y ecológica de madera en Valdemorillo
Esta casa nace para una familia de cuatro personas que convive con el padre ya mayor, a quien quieren cuidar sin restarle independencia. Es una vivienda pensada para habitar, y convivir en familia de forma pausada y en conexión con la naturaleza.
En la parcela hay dos árboles imponentes: un roble y un castaño, un lugar que por su orografía coincide en ser el lugar más apto para ubicar la casa. Se decide abrazar estos árboles y colocarse bajo sus copas. El programa se resuelve en tres piezas claras separadas por estos dos árboles. Una reúne el salón, la cocina y el estudio, como espacio de encuentro. Otra agrupa los dormitorios. La tercera acoge el cuarto del padre, algo separado para ofrecerle calma y autonomía.
Vinculados a estos árboles aparecen sendos cuerpos acristalados y conectores de los tres volúmenes, que actúan como umbrales de luz, uno de ellos actúa como el recibidor y entrada de la casa. En verano, cuando el sol cae con fuerza, las copas arrojan sombra sobre la cubierta y suavizan la temperatura interior. En invierno, las copas ya sin hojas permiten la entrada de luz cenital y hacen llegar todo el calor del sol. Hacia el norte se ubica el recorrido y los armarios y hacia el sur se orientan todas las estancias principales, que se abren sin obstáculos para recibir el sol a lo largo del día.
La casa no se revela de golpe; el acceso a la parcela se produce por el este donde se deja el coche, y desde el cual se recorre un camino que bordea el terreno hasta llegar a la entrada principal en la cara norte de la casa. Desde allí, la casa desciende suavemente siguiendo la pendiente natural.
Tanto la estructura como los acabados interiores y exteriores se proyectan en distintos tipos de madera y los suelos de interior son pavimentos continuos fabricados en resinas minerales tintadas de color.